11 mayo, 2026

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Salud visual en alerta: por qué la «vista cansada» afecta a personas cada vez más jóvenes

El uso desmedido de dispositivos digitales y la falta de descanso ocular están anticipando la aparición de la presbicia. Especialistas locales recomiendan hábitos saludables para mitigar el desgaste del cristalino frente a las pantallas.

Lo que históricamente se consideraba un signo inevitable del paso del tiempo, hoy se manifiesta de forma prematura debido a la transformación de nuestras costumbres cotidianas. La presbicia, o dificultad para hacer foco en distancias cortas, solía irrumpir a mediados de la cuarta década de vida; sin embargo, los consultorios oftalmológicos reciben hoy a pacientes que, mucho antes de esa edad, ya presentan fatiga crónica y problemas de nitidez al leer o utilizar el teléfono móvil.

Este fenómeno técnico se origina en la pérdida de flexibilidad del cristalino, el componente ocular encargado de ajustar la visión según la cercanía del objeto. El agotamiento visual derivado de jornadas laborales y recreativas frente a tablets, computadoras y smartphones obliga al ojo a mantener un esfuerzo de acomodación constante. Esta exigencia sostenida no solo acelera la percepción de los síntomas, sino que deriva en cuadros de cefaleas, ardor ocular y la necesidad de aumentar la iluminación para tareas sencillas.

Frente a esta realidad, los profesionales subrayan que, si bien el envejecimiento del aparato visual es un proceso biológico, el impacto puede moderarse. La regla de alternar la mirada hacia puntos lejanos para relajar el músculo ocular y el parpadeo frecuente para evitar la sequedad son herramientas básicas de prevención. Además, se destaca la importancia de no postergar las visitas al médico, ya que una detección temprana permite acceder a soluciones personalizadas que van desde cristales específicos hasta tratamientos de corrección avanzada.

El abordaje moderno de la salud ocular en la ciudad pone énfasis en la ergonomía visual y el control del tiempo de exposición digital. Mantener una distancia adecuada de los monitores y realizar revisiones anuales son conductas clave para proteger la calidad de vida en un mundo hiperconectado. La educación sobre cómo miramos nuestro entorno determinará, en gran medida, la longevidad de nuestra capacidad de enfoque en el futuro.