La ingesta de carne bovina registró un severo retroceso durante el último año en todo el país. El menor nivel de abastecimiento interno provocó un incremento sostenido en los valores minoristas que ajustó directamente el gasto familiar.
El promedio de ingesta anual por persona se desplomó a 46 kilos tras sufrir una importante merma respecto al mismo período anterior. Según el reporte técnico, los incrementos acumulados en las carnicerías superaron holgadamente el índice de inflación general debido a la escasa oferta de vacunos.
Las variantes más demandadas del mercado vacuno experimentaron subas superiores al cincuenta por ciento anual, abriendo una diferencia notoria respecto a opciones avícolas. Ante este cuadro tarifario, la población optó por volcarse masivamente hacia proteínas más económicas para amortiguar el impacto en su poder adquisitivo.
Paralelamente, los envíos al mercado internacional mostraron cifras positivas impulsados por los nuevos cupos comerciales con destino norteamericano. De esta manera, las exportaciones continuaron su tendencia ascendente mientras la mesa de las familias argentinas reduce la presencia de cortes vacunos.

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