A solo un mes de haber comenzado las clases, docentes y especialistas advierten sobre una preocupante pérdida de convivencia en los establecimientos de Mar del Plata.
El arranque del año escolar 2026 en el distrito de General Pueyrredon se ha visto empañado por una serie de hechos de agresividad que encienden las alarmas en la comunidad educativa. Con apenas 19 días de actividad en primaria y 15 en secundaria, la frecuencia de situaciones conflictivas dentro de las instituciones locales ha forzado un debate urgente sobre la erosión de los vínculos entre los jóvenes y la capacidad de respuesta de las escuelas.
Aunque el escenario local no ha llegado a extremos de violencia armada como los registrados recientemente en otras provincias del país, los antecedentes inmediatos en General Pueyrredon revelan una tendencia al alza en los enfrentamientos físicos y verbales. Desde el Consejo Local de Niñez señalan que la escuela no es una isla, sino un caja de resonancia de una crisis social más profunda que atraviesa a las familias. Por su parte, los trabajadores de la educación manifiestan sentirse desbordados y con herramientas limitadas para contener desbordes que, muchas veces, ocurren de manera silenciosa entre los alumnos. Si bien existe una guía de orientación para el abordaje de situaciones de conflicto en el espacio escolar, la falta de recursos técnicos y humanos dificulta la prevención efectiva de estos episodios que alteran la dinámica diaria del aprendizaje.
El desafío actual para las autoridades educativas radica en recuperar el aula como un espacio de encuentro seguro, en un contexto donde la realidad social parece golpear con fuerza las puertas de cada colegio marplatense.

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