Lo que inició como un proyecto de garage se transformó en una empresa de vanguardia tecnológica. Con más de dos décadas de trayectoria, la firma Aerodyca diseña aeronaves autónomas utilizadas para vigilancia, control de incendios y entrenamiento militar, priorizando la eficiencia aerodinámica por sobre la electrónica convencional.
Andrés Ferrín y Romina D’Orso son las mentes detrás de un fenómeno que posiciona a Mar del Plata en el mapa de la aeronáutica moderna. A través de su empresa, han logrado perfeccionar el desarrollo de Sistemas Aéreos No Tripulados (UAV), conocidos popularmente como drones de alta gama. Estas unidades, operadas de forma remota, representan el futuro de la seguridad y la agronomía, demostrando que el talento regional puede competir con estándares internacionales de defensa.
La historia de este emprendimiento familiar se remonta al año 2000, aunque sus raíces están ligadas a la pasión de Ferrín por el aeromodelismo y el conocimiento técnico heredado de su padre. Tras sus primeros pasos fabricando blancos para la Fuerza Aérea, la empresa consolidó un diferencial clave: la perfección estructural. Según explican sus fundadores, mientras muchos desarrollos globales se centran exclusivamente en el software, Aerodyca apuesta por un diseño de fuselaje que permita al avión volar «por sí solo», reduciendo drásticamente el desgaste de componentes y el consumo de energía.
A lo largo de su evolución, la firma ha presentado modelos emblemáticos que cumplen con normativas de seguridad de la OTAN (Stanag). El Pegasus I fue el precursor que garantizó operaciones seguras, seguido por el Tehuelche en 2004, que incorporó transmisión de imágenes en tiempo real. Un hito importante fue el lanzamiento del Chimango en 2011, una imponente aeronave de seis metros de envergadura capaz de sostener ocho horas de autonomía, ideal para misiones de larga duración en fronteras o zonas rurales.
El enfoque de los marplatenses permite que sus drones operen con una suavidad de mando que optimiza la batería y el combustible, logrando alcances que otros sistemas puramente electrónicos no consiguen. Esta solidez técnica les ha permitido mantenerse vigentes durante 25 años, adaptando sus equipos a las necesidades cambiantes de un mercado que hoy demanda vigilancia constante y precisión en tareas críticas.
La mirada de la empresa está puesta ahora en el Hornero, su próximo gran desafío. Se trata de una aeronave 100% eléctrica con capacidad de despegue y aterrizaje vertical, lo que eliminará la necesidad de pistas de operaciones. Equipado con cámaras térmicas y visión nocturna, este nuevo desarrollo promete revolucionar el monitoreo urbano y ambiental, ratificando que el epicentro de la innovación aérea no tripulada se encuentra en nuestra ciudad.

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