Ante la proximidad de los días más fríos, el municipio lanzó una campaña masiva que busca concientizar a 10.000 vecinos sobre los riesgos del monóxido de carbono. Advierten que el uso de hornos para calefaccionar y la falta de revisión técnica son las principales causas de accidentes graves.
Con el objetivo de duplicar el alcance de años anteriores, la Dirección de Defensa Civil de General Pueyrredon inició un ciclo de charlas y capacitaciones en escuelas y entidades intermedias. Alfredo Rodríguez, referente del área, subrayó que el monóxido de carbono representa una amenaza letal debido a que no tiene olor ni color, lo que dificulta su detección inmediata. La campaña pone el foco en la prevención temprana, antes de que las bajas temperaturas obliguen al encendido permanente de estufas y calderas en los hogares de la ciudad.
El titular del organismo detalló que los siniestros suelen originarse por negligencia o precariedad en los sistemas de calefacción. Entre las conductas de mayor riesgo se destacan:
- Uso de artefactos de cocción: Utilizar las hornallas o el horno para elevar la temperatura de los ambientes.
- Instalaciones defectuosas: Salamandras o estufas con tirajes obstruidos o mal instalados.
- Falta de mantenimiento: No contar con la supervisión de un profesional habilitado para chequear los quemadores.
- Hermeticidad excesiva: Sellar puertas y ventanas impidiendo la renovación del aire.
Un punto crítico señalado por Defensa Civil es la situación de los estudiantes universitarios que alquilan departamentos en el centro, quienes suelen recurrir a métodos poco seguros para combatir el frío nocturno. Asimismo, se advirtió que las intoxicaciones no solo pueden ser mortales, sino que dejan secuelas neurológicas permanentes según el tiempo de exposición. Por ello, se recomienda enfáticamente que cualquier reparación sea ejecutada por un gasista matriculado antes de la llegada del invierno pleno.
La clave para evitar tragedias reside en la ventilación cruzada y el control preventivo. Según los expertos, mantener una pequeña abertura en las ventanas permite que el oxígeno circule y diluya cualquier acumulación de gases tóxicos. En barrios donde no existen redes de gas natural y se utilizan métodos alternativos, la vigilancia debe ser aún mayor. Estar atentos a síntomas como mareos, náuseas o somnolencia repentina puede marcar la diferencia entre un accidente y la supervivencia en una ciudad donde el frío no perdona.

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